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La plaga está extendida por toda la isla desde hace dos años, aunque en 2009 es cuando ha producido mayores efectos.
Desde el año 2007 la plaga de la Tuta absoluta o polilla del tomate ha invadido toda la isla, aunque sus peores efectos se han detectado este 2009, año especialmente marcado por la crisis en el que los resultados económicos de los productores son desastrosos.
«El resumen de la campaña de 2009 es que se han incrementado los daños con respecto al año pasado»,
señaló el técnico de la empresa Tragsa Juan Argente, que situó en un 40 por ciento las pérdidas sufridas por los productores de la cooperativa Agroeivissa.
No obstante, Argente, coordinador de las campañas de sanidad vegetal, afirma que la polilla del tomate ya no es la mayor preocupación de los productores, sino los bajos precios que prevalecen en el sector de las hortalizas, que no permiten cubrir los costes de producción y han desmotivado a muchos agricultores, que han optado por abandonar sus cultivos. Juan Argente fue el encargado de presentar ayer en el aula de conferencias del recinto ferial de Ibiza el resultado de las campañas contra las tres principales plagas que atacan los huertos y jardines de la isla y que están causando grandes pérdidas en el sector agrario: la polilla del tomate, el picudo rojo de las palmeras y la mosca de la fruta.
Asistieron especialmente técnicos y representantes de los sectores de viveros, explotaciones hortícolas y productores de cítricos. El técnico señala que en 2007, cuando se inició la campaña contra la Tuta absoluta, lo primero que hicieron los técnicos de Tragsa fue colocar una red de trampas de información situadas en los sitios más dispares de la isla (desde las que se instalaron en alguna montaña hasta las que hay en el casco urbano de Sant Antoni) y todas ellas detectaron la presencia de la voraz polilla del tomate. El año pasado se llevó a cabo la campaña contra la plaga y aquellos que la siguieron registraron pérdidas de entre el cinco y el 10 por ciento, pero Argente asegura que por parte de muchos profesionales hubo una sobreutilización de las materias activas. El Consell, las cooperativas y las asociaciones de defensa vegetal (ADV) propusieron un cambio de estrategia para conseguir una mayor efectividad de la lucha. Se basaba en la creación de una empresa que haría tratamientos semanales a base de un producto que eliminaría la larva de la Tutta. Se habría completado la lucha con otros dos tratamientos mensuales por parte del agricultor. Pero esta empresa no se llegó a crear y en 2009 se han vuelto a usar los mismos productos sobreutilizados la campaña pasada, un tratamiento erróneo, según el técnico, dado que consigue una menor efectividad. Cuando se emplea una dosis mayor de la recomendada del producto (sobreutilización), la polilla se vuelve resistente y el tratamiento deja de ser efectivo, alerta Argente. A ese problema hay que añadir las altas temperaturas y los bajos precios del tomate, que han provocado también que muchos agricultores, para reducir las pérdidas, optasen por emplear plaguicidas más baratos, lo que ha causado un aumento de los ácaros y, en consecuencia, mayores daños en la cosecha. TRATAMIENTO TUTA NO RESIDUAL: InsecSTOP 1+2 de “AGRARES iberia”
Los nuevos invernaderos de tomates están frenando las plagas que arruinaron la zafra anterior, según Coagrisan – El desastre agrícola del pasado año y las inversiones han dejado endeudado al sector en el pueblo

photo credit: Bohemianism
“La zafra viene magnífica, jamás en la historia de La Aldea hemos tenido las plantas tan parejas. Ahora sólo falta salud, lluvia y buenos precios”.
Jacinto Godoy, director general de la principal cooperativa de tomates de La Aldea, Coagrisan, ya no es precisamente el mismo Jacinto que hace año a estas alturas de la zafra comprobaba cómo se arruinaban los cultivos de sus cooperados a un ritmo de plaga bíblica, y con el ello el resto del pueblo. Justo en estas fechas de 2008 y cuando sólo llevaban un mes de plantados sus tomates, la superficie arrancada por culpa del destrozo que causaba la mosca blanca ascendía a casi unas 40 hectáreas.
Este periódico era testigo de lágrimas a pie de surco, tras la visita de Marcelo Rodríguez Quintana, técnico de la cooperativa, para explicarle al agricultor que sus cultivos estaban heridos de muerte.
“Temía despertarme y levantarme por las mañanas”, confiesa hoy Rodríguez.
Godoy, desde su despacho de Coagrisan, que es como un superlativo quirófano empaquetador de tomates, da instrucciones para dejar el nuevo recado en el contestador con las horas de trabajo, con los periodos de recogida y con las consignas y recomendaciones para dar lustre a los cultivos. Y manda borrar la que hacía mención a las plagas.
“Nunca hemos empezado con mejor pie”.
Pero, ¿qué ha hecho La Aldea en un sólo un año para controlar la bicha? Blindarse y Tratar (y endeudarse hasta los ojos).
Blindarse con unas mallas tan tupidas, de 20 por 10 hilos, frente a la 10 por 8 hilos del pasado año, que impiden casi el paso del aire, y no con una, sino con tres puertas de algo parecido a la seda y con unos cerramientos verticales revestidos en negro para, se supone, confundir a la mosca blanca, al trip y también a la tuta, que aunque siguen pululando ya no tienen entrada franca a los invernaderos. Y tratar, desde dentro, con los nuevos productos sin plazo de seguridad para prevenir el más mínimo intento de que un insecto quiera colonizar el invernadero.
Como consecuencia de la debacle del pasado año, la cooperativa ha perdido a una veintena de productores en el camino, y la deuda que calcula Godoy asciende a unos 30 millones de euros, entre lo perdido y la inyección de dinero que han necesitado para reestructurar unas 150 hectáreas.
Apenas cuelga entran por las enormes puertas del almacén, un piso más abajo, mil bultos de fruto, que inauguran el meneo que queda por venir hasta el verano que viene.
Las carretillas se estrenan y descargan los pales. Los tomates parecen de mentira y si no es por olor y que todo el mundo anda tan afanado en meterlos en el cuarto de frío a toda máquina se diría que se trata de una partida de bolas de caramelos de colores. Marcelo Rodríguez les echa un ojo de sumiller y se queda mirando como el que acaba de descubrir un reserva inédito en los catálogos, apuntalando el optimismo de Jacinto Godoy.
Si el kilo de ese tomate llega a más de 0,55 euros durante todo el año La Aldea, y no sólo los tomateros, podrá empezar a respirar a final de la campaña, que se presenta como
“como una de las mejores en los más de cien años que se llevan realizando”. Pero si falla “nos hundiremos. Tenga usted en cuenta que hoy por hoy los agricultores le deben a las 7.000 vírgenes”, sentencia Godoy mirando al ocelaje.
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